viernes, 27 de junio de 2014

RECURSOS SOBRE EL CINE: IES "MELÉNDEZ VALDÉS", UN INSTITUTO DE CINE.



   El veinticinco de abril tomaba forma a través de su rodaje una idea surgida hacía un tiempo: la de llevar al séptimo arte una historia que ocurría entre los pupitres de este centro sin que muchos llegásemos ni siquiera a intuirlo. Dicha historia se modeló para el cine en el aula de tercero de ESO B con la supervisión de Mercedes de la Presa, su profesora de Plástica. De ahí se pasó a construir los diálogos y al guión definitivo. Las escenas se grabaron en su mayoría, como no podía ser de otra forma, en las aulas, pasillos y patio del centro, siendo los protagonistas los propios alumnos del grupo, entre los que se escogieron los actores y al equipo tras las cámaras, léase sonido, cámara, claqueta, dirección, etc. que de nada había de faltar en este rodaje. Es de destacar también la colaboración de los profesores, María Durán como actriz, y Rafa Méndez y Diego Bote como encargados de futuros montajes. Una vez listo para su consumo en la gran pantalla, el corto ¿Qué pasa con Ana? se puso a prueba presentándolo al Festival Vía de la Plata, donde compitió con otros cortos realizados por toda la geografía española y por alumnos de niveles educativos iguales y superiores al de nuestros chicos de la ESO y muchos de ellos con formación audiovisual. Pues bien, hemos de decir que la prueba fue superada con éxito pues el corto fue galardonado con el premio del público, que le dedicó una emotiva ovación en la sesión de visionado. Vaya desde aquí una gran y sincera enhorabuena a todos los relacionados con el proyecto, que han conseguido que en un centro ajeno a o todo este mundo se fragüe y vea la luz un proyecto de esta índole, y además cosechando galardones. Lo dicho, enhorabuena y a por el siguiente, que sé que hay ideas y energías.
 


        El procedimiento de toma de decisiones en el ser humano está lleno de matices e imponderables que dependen de las circunstancias de la vida en que nos encontremos. El corto, Mi gran amigo, rodado durante la mañana del 30 de abril por un grupo de profesores, surge de la idea de plasmar cómo un fumador se enfrenta a la decisión de dejar de fumar planteada por su pareja cuando un amigo cercano ha fallecido por cáncer de pulmón. La presión del momento y los años fumando nos llevarán al desenlace.



  Como finalización de este curso 2013/14 tenemos la versión del Happy de Pharrell Williams. Todo un éxito que despide el curso y da la bienvenida a las vacaciones de verano.

domingo, 22 de junio de 2014

MAGISTER DIXIT: CARTAS A SOFÍA. CORRESPONDENCIA FILOSÓFICA Y SENTIMENTAL, JEAN-JACQUES ROUSSEAU.




  “Heme, pues, en el mundo sin más prójima, hermano, amigo ni compañía, que yo mismo.” Rousseau, Meditaciones de un paseante solitario.

 “Lo que constituye la miseria humana es la contradicción que se encuentra entre nuestro estado y nuestros deseos, entre nuestros deberes y nuestras inclinaciones, entre la naturaleza y las instituciones sociales, entre el hombre y el ciudadano; convertid al hombre en uno y lo haréis feliz tanto como lo pueda ser. Dadlo por completo al estado o dejadlo por completo a él mismo, pero si compartís su corazón lo destrozáis”. Rousseau, La felicidad pública.

 “Nada es más triste que la suerte de los hombres en general; sin embargo encuentran en ellos mismos un deseo devorador de un futuro feliz, que les hace sentir en todo momento que han nacido para serlo”. Rousseau.


 Nos encontramos con un excelente texto del ilustrado Rousseau. Un escrito en el que podemos rastrear el origen de su pensamiento moral, así como la vinculación con un amor no correspondido que llega sólo a ser amistad, pero llena de guiños y seducción, un amor pasional convertido a base del género epistolar en un amor cortés, y que al final, incluso ésta, por diferentes vicisitudes, se disuelve.

 La obra se compone de diferentes partes. La primera es un estudio general de la moral de Rousseau y su evolución que hace alusión al papel que ocupan las cartas morales en la construcción de esta moral. Una segunda parte muy importante que es la contextualización vital de Roussaeu, de Sofía, su marido el duque, su amante, su protectora. En fin todos los personajes que configuran la trama en la que se desarrolla la realidad biográfica del filósofo y que de una manera u otra están dentro de la trama de su enamoramiento y son testigos activos y pasivos de ella. Aquí podemos ver desde el inicio de esta amistad, que se transforma en amor, después en amistad y que al final se disuelve. También se nos habla de un Rousseau anterior y de sus respectivas relaciones con las mujeres. Ya digo que esta parte es importantísima para entender la personalidad de Rousseau, su extrañeza, su carácter solitario, su búsqueda de la virtud, su infelicidad permanente, a pesar de considerar que el único objetivo de la vida es la felicidad, como declara en las cartas morales. La filosofía de un filósofo refleja lo que es. Y lo que se es, es una perspectiva para ver el mundo. Y esto no le quita objetividad, o lo convierte en subjetivo sino que encarna el pensamiento en una biografía y una historia. Lo peculiar y lo genial del filósofo es que desde su particularidad biográfica e histórica trasciende hacia lo universal. De ahí el ansia por encontrar la virtud universal, algo que habite en el corazón humano y sea común a todos los hombres. Y de ahí también que Rousseau, a medida que va desarrollando su filosofía, se va creando enemigos entre sus propios amigos ilustrados. Está condenado a la soledad, por lo demás, algo muy propio (yo diría que común) del filósofo.

   Luego vienen lo que se han dado en llamar Las cartas morales. Estas cartas surgen después de la ruptura con Sofía. Su amistad queda en el aire, ya no pueden verse, demasiadas sospechas y suspicacias. Y creo que demasiada presión sobre Sofía, que tiene un marido y un amante y esto es una forma de estar atada y aunque reconoce la superioridad moral de Rousseau sobre el común de los mortales y llega a apuntar en los márgenes de sus cartas que será de los pocos que pasará a la historia, y no se equivoca. Había mucho charlatán en la Ilustración, demasiada filosofía de salón, demasiada pose. Y Rousseau arremete contra todo esto. Busca la virtud y para ello necesita del retiro, de la soledad, la sociedad es un foco de perversión. Pues estas seis cartas son escritas a Sofía con la intención de mantener la llama de la amistad, que en el fondo es la del amor no correspondido, y con la intención de enseñar. Además de su contenido sensual, son cartas estrictamente filosóficas, morales, en las que el filósofo intenta guiar a Sofía por el camino de la virtud. Y, en el fondo, independientemente de los sentimientos del filósofo, lo que hace a estas cartas extremadamente hermosas, son un tratado de moral. Hay que tener en cuenta que en la época, gran parte de la filosofía se transmite de forma epistolar. Haciendo un paréntesis. Doscientos cincuenta años después aún las conservamos, pero en nuestra era digital, autoproclamada de la comunicación y el conocimiento, nuestros pensamientos y sentimientos no duran ni un día. Qué quedará de nosotros, si en realidad somos pensamientos y sentimientos. Por eso el soporte de papel es indispensable. Una cosa que es necesario tener en cuenta es que mientras Rousseau escribe las cartas morales está escribiendo Julia o La nueva Eloísa. Una novela romántica en la que Julia es dirigida por un preceptor que le enseña a encontrar su virtud siguiendo al corazón, a la voz interior. Es una defensa de los sentimientos auténticos, el amor en este caso, frente a los convencionalismos sociales. Rousseau arremete contra estos en esta novela.
 
  La última parte son las cartas sentimentales e íntimas entre Sofía y Rousseau. Aquí nos encontramos los sentimientos al desnudo. Una correspondencia sentimental más en la que vemos a un Rousseau abrasarse en las llamas del amor y en lucha con la virtud para no traicionar a sus amigos. A la par vemos a una Sofía que sólo puede ceder su amistad. Pero que no está dispuesta a perder esta amistad y que hace malabares para conservarla a pesar de no corresponder al solitario Rousseau. En fin, cuestión de leer.
    
   Nos vamos a ceñir brevemente, porque la obra, por su intensidad emocional y filosófica, es más para ser leída que para ser contada porque hay una imbricación, como dije, entre vida y teoría que es inefable. Todo intento de comprender es una falsificación o, al menos, un reduccionismo. No podemos adentrarnos en las razones del corazón de cada uno de los participantes: y menos en los de Rousseau y Sofía. Pues bien, la cuestión moral. En los primeros escritos de Rousseau, que son los dos discursos: el del origen de las ciencias y las artes y el del origen de la desigualdad entre los hombres, mantiene la bondad originaria del hombre. Éste es uno de los principios fundamentales de nuestro filósofo ilustrado que en ello se enfrenta a Hobbes: el hombre es un lobo para el hombre. Para Rousseau el hombre es bueno por naturaleza y es la sociedad la que lo corrompe. La sociedad es el origen de los vicios. El hombre en su estado de naturaleza posee una bondad originaria que se caracteriza por la igualdad entre todos, la libertad y la fraternidad. Pero, precisamente, el origen de la sociedad es el que ha creado la desigualdad entre los hombres. Es decir, que moralmente no hemos progresado, sino que nos hemos pervertido. La sociedad es el origen de la desigualdad, de la esclavitud y de la guerra. Los tres mayores vicios a los que habría que añadir todos los demás. Por eso el progreso, para nuestro filósofo, consista en una vuelta a la naturaleza. Pero, cuidado, hay que evitar la ingenuidad. Y el primero que lo hace es el propio Rousseau. No se puede volver al estado natural, probablemente éste ni existió. Sino que de lo que se trata es de recuperar la bondad primitiva y ello ha de tener lugar en los tres niveles de la sociedad: la educación (escribe Emilio o de la educación), la familia (escribe, La nueva Eloísa) y el estado y escribe su obra fundamental, El contrato social. Las cartas morales están en este trayecto. Es más, el pensamiento de Rousseau se va construyendo dialécticamente, en diálogo con su propia vida, marcada por la soledad, a pesar de las ocasionales compañías, y con los demás.

 
  Nos encontramos aquí con un problema, del que Rousseau es culpable, pero más lo son las falsas interpretaciones. Es el mito del buen salvaje, es decir, la teoría roussoniana de que el hombre es bueno por naturaleza o de la bondad originaria. Es cierto que no hay tal bondad, la etología nos lo demuestra, pero tampoco hay una maldad absoluta, una guerra de todos contra todos, como decía Hobbes. No hay evolución sin cooperación y, en los animales sociales, como el caso de los homínidos, no hay evolución sin sociabilidad y ésta es imposible sin la empatía que es la capacidad de ponerse en el lugar del otro, sentir el dolor ajeno. De modo que la bondad originaria la podemos considerar un mito, pero también tiene un fundamento biológico, como acabamos de decir, por mucha agresividad intraespecie y extraespecie que exista en los homínidos. Ahora bien, tenemos que mirar la intención filosófica de Rousseau; y, su intención es recuperar la bondad primitiva que consiste en lo que el corazón nos dicta, no la razón, no los libros de los filósofos, que cada cual dice una cosa y nos confunden, además de ser vanidosos y petulantes. Hay que escuchar la voz interior ese es el consejo de las cartas morales, como lo es el del preceptor de Emilio en su proceso de educación. Y para escuchar esa voz interior hay que alejarse de la fuente del vicio que no es ni más ni menos que la sociedad. No se trata del abandono de la sociedad, de un retiro monacal, sino de un retiro parcial e intermitente para reunirse consigo mismo. Para ir a nuestras raíces. Para contemplar que en nuestro estado de naturaleza todos somos iguales, libres y fraternos. Y con estos mimbres se podrá construir una sociedad republicana o democrática.


  Pero hay otro principio, y esto es muy importante porque se les ha olvidado a los nuevos pedagogos que dirigen ahora la educación con los trasnochados eslóganes de un 68 fracasado (aunque hubo mucho positivo, pero no esto, precisamente). La bondad originaria del hombre se expresa por medio del instinto natural. Ahora bien, este instinto natural, si bien es el universal ético, y creo que de aquí surge el imperativo categórico de Kant, por sí solo es ciego, debe ser educado. Y, ¿cómo?, pues aquí reside el olvido de la progresía y mira que Rousseau insiste tanto en Emilio, como en La nueva Eloisa, como en Las cartas morales. El cómo es la virtud. Hay que educar (dirigir la pasión natural, de por sí buena, para que no se disipe en la nada y la pereza), en y desde la virtud. Y virtud en el sentido clásico y latino del término. Virtud es valor, fortaleza, entereza, valentía. Para enfrentarse al vicio y alcanzar las virtudes es necesaria la virtud y ello requiere esfuerzo y disciplina. Y no olvidemos que la disciplina es simplemente guiar. Que no nos confundan estos progres, con el aprender a aprender, aprender jugando y el dejar al niño hacer su santa “voluntad” (es decir, capricho) no vayamos a coartar su creatividad y cosas así. Sin el esfuerzo, la disciplina, no conquistamos nuestra autonomía y caemos en manos de los vicios de la sociedad, no somos libres sin leyes autoimpuestas. La mala lectura del Emilio y de Rousseau en general ha dado lugar a un enredo pedagógico, ideológico e interesado, como pasa con las nuevas lecturas que se están haciendo desde el marxismo y el ecologismo. Rousseau es mucho más complejo y ambiguo y eso nos muestran sus cartas morales. Como su propia vida.

 Juan Pedro Viñuela Rodríguez, profesor de Ética y Filosofía del IES "Meléndez Valdés" de Villafranca de los Barros (Badajoz). 


 

MAGISTER DIXIT: LA HUMILLACIÓN, PHILIP ROTH



   Esta intensa novela de Roth (Debolsillo, Barcelona, 2012) que acaba de anunciar su retiro de la literatura, es una tragedia humana, psicológica, filosófica y antropológica. De nuevo el autor bucea a través de sus páginas en la condición humana y en la temporalidad y caducidad de la vida. El argumento es muy sencillo. Un actor importante, de repente, pierde la capacidad de actuar. Pierde, dice él, el talento. Y piensa que nunca lo ha tenido. No es capaz de recordar los papeles, no sabe qué decir en público. Sus compañeros lo animan y le advierten que es cosa pasajera. Pero el protagonista sabe que algo profundo se ha producido en su ser, un cambio, una transformación. En el fondo, es la vejez lo que se nos está enseñando. Por recomendación acude a un psiquiatra y es ingresado por un breve tiempo en un centro para su rehabilitación. Tratar su depresión y por medio de terapias de grupo renunciar a la idea de suicidio y recuperar su capacidad o talento perdido. Una vez que es considerado curado y es dado de alta, pues no se le encuentra ninguna alteración, el artista sigue sin ser capaz de actuar. No encuentra su talento perdido, del que sospecha que nunca tuvo, que todo fue fingir. Se retira a vivir solo y lleva una existencia monótona, gris y autocompasiva. Hasta que aparece una mujer. Precisamente la hija de unos amigos suyos que conoció hace décadas en el mundo del teatro. Es veinticinco años mayor que ella. Él tiene sesenta y cinco y ella ronda los cuarenta. Tras unos meses de una relación intensa y de un conocimiento de la extrañeza de su nuevo amor, que le ha dado la vida, pero que no le ha hecho plantearse, hasta el final, el volver a actuar, es abandonado. Y aparece de nuevo el tema del suicidio.

    En qué sentido podemos entender aquí la humillación. Pues podemos particularizar. Humillación de no ser capaz de actuar, de hacer lo que uno sabe hacer y, de pronto no ser capaz de hacerlo. Humillación de que una mujer mucho más joven a la que amas y que te corresponde tenga que cuidarte dentro de unos pocos años, humillación porque esa mujer te deja. En definitiva, la humillación, a mi modo de ver, es la propia vida. Es lo que el autor nos quiere decir. Vivir es humillarse. Porque vivir es morirse. Es renunciar a lo que se tiene, es perder lo más querido, tanto de lo que te rodea como de ti mismo. Vivir es un desgarro. Es una pasión inútil, que decía Sartre. Es un dejar continuo, por accidente, o por elección, o por la propia naturaleza humana: el existir, la temporalidad. Y, de ahí, que la frontera última de la vida sea la muerte, la última humillación. Pero en el libro, esta humillación también es entendida como una liberación. Y es el tema del suicidio que es continuo en él. En la muerte, humillación y liberación se unen. Y el suicidio es una lucha contra la humillación, un rebelarse contra ella, contra la vida y contra la condición humana, en última instancia.


   Tema delicado, este del suicidio, donde los haya. Ya lo decía Camus en su “Mito de Sísifo”: la única cuestión filosófica de relevancia es el suicidio. Y así es, efectivamente. Cada mañana, cuando nos levantamos tenemos que inventarnos un afán, una pasión, un por qué, un sentido de nuestra existencia. Porque el sentido de ésta no nos viene dado, sino que lo tenemos que poner, inventar o crear, nosotros. La vida, per se, es un sinsentido. Somos nosotros los artífices del sentido. Y si la vida no tiene sentido y lo que sentimos es el abrazo de la humillación, del tiempo, del deterioro, del desamor, de la soledad, del abandono; en definitiva, de todo aquello que nos irá ocurriendo con el tiempo, pues lo mejor es abandonar, por esa puerta ancha, que decían los estoicos, que es el suicidio. Una muerte digna frente a la humillación a la que la vida nos ha sometido. Un erguirse con dignidad frente a la humillación, frente al sinsentido y la angustia del existir. Hay que advertir aquí que la ética se ha medicalizado. Que se ha considerado el suicidio como el resultado de un trastorno psíquico. Esto no es cierto en todos los casos, aunque lo sea en muchos. Del suicido del que aquí se habla, es del suicidio por todo lo contrario, por extrema lucidez y por una decisión absolutamente libre, quizás la más libre, porque es en la que pones todo tu ser bajo esa decisión. Echas toda la carne en el asador, como si dijésemos. El suicidio como muerte digna y como liberación. Si la vida nos infringe una humillación constante, una humillación insoportable, siempre nos queda una salida. La cultura occidental cristiana nunca ha aceptado esto. Ha tachado el suicidio de cobardía. No lo creo, la decisión del suicidio, de nuestra propia muerte es un acto de valentía. Y ser capaz de ejecutarlo con la frialdad necesaria, aún más. Al pensamiento cristiano lo que le pasa es que no puede aceptar el suicidio, ni al suicida, porque es considerado como el mayor pecado. Es atentar directamente contra la voluntad de dios. Porque nosotros, según la religión, no somos los dueños de nuestra vida, sino dios. La vida es un don divino. Rechazarla es la peor afrenta a dios. Pero ya, cuando las religiones tradicionales han muertos y sus dioses han sido sustituidos por otros, nos encontramos solos. Y no tenemos que dar explicación a nadie de nuestra propia existencia. Somos dueños de ella.



    Por ello, lo que se nos viene a decir en “La humillación” es que, a mi modo de ver, si la vida es humillación (no casos puntuales de humillación) pues la muerte es un acto de libertad frente a ella. Porque recordemos, la humillación es un sufrimiento tremendo. Es el sentimiento de desgarro en el que nuestro yo, lo que somos, se va disolviendo, se va convirtiendo en nada, ante los demás y ante nosotros mismos. Pero es lo que tiene nuestra propia naturaleza: el desgarro. Nos vamos dejando el alma a jirones en la vida. Lo vamos perdiendo todo. La lucidez es conciencia de este desgarro. A menor lucidez, la existencia es más gris, más esclava y robotizada, pero menos penosa y menos riesgo de suicidio, ni siquiera de pensar en él. Y una última nota reivindicativa, cuando hablo de muerte libre: de suicidio, también me estoy refiriendo a la eutanasia y al suicidio asistido. De ahí que la eutanasia signifique: muerte digna. Ante la humillación en la que nos ha postrado la vida, nos debe quedar nuestra última decisión de una muerte digna.


 Juan Pedro Viñuela Rodríguez, profesor de Ética y Filosofía del IES "Meléndez Valdés" de Villafranca de los Barros (Badajoz). 



domingo, 8 de junio de 2014

COMENTARIO DE TEXTO: SONETO XXIII DE GARCILASO DE LA VEGA. OTROS EJEMPLOS DE TÓPICOS RENACENTISTAS.



SONETO XXIII DE GARCILASO DE LA VEGA


En tanto que de rosa y azucena
se muestra la color en vuestro gesto,    
y que vuestro mirar ardiente, honesto,
enciende al corazón y lo refrena;
y en tanto que el cabello, que en la vena
del oro se escogió, con vuelo presto,
por el hermoso cuello blanco, enhiesto,
el viento mueve, esparce y desordena:
coged de vuestra alegre primavera
el dulce fruto, antes que el tiempo airado
cubra de nieve la hermosa cumbre;
marchitará la rosa el viento helado.
Todo lo mudará la edad ligera
por no hacer mudanza en su costumbre.

I. CONTENIDO. COMPRENSIÓN:

a)  Busca en el diccionario los significados de estas palabras del texto: presto y enhiesto. 


b)  ¿Cuál es el tema o temas de este soneto? ¿Encuentras diferencias en esta forma de ver la vida y la de la Edad Media?

c)   ¿Cómo es la mujer de la que habla el poeta? Describe algunos rasgos físicos: color de la piel, del cabello¿Es el modelo de la belleza renacentista?

d)  ¿A quiénes se dirige el poeta cuando da la orden “coged”? ¿Por qué?

e)  ¿Qué significado le das al primer terceto?
 

II. FORMA. EXPRESIÓN.

a)  Análisis métrico completo: número de sílabas, arte, rima, esquema, estrofas y poema.

b)  ¿Cómo es el lenguaje que emplea Garcilaso en el poema? ¿Se refleja el espíritu renacentista en el vocabulario?

c)   Escribe todos los adjetivos que aparecen en el soneto. ¿A quién hace referencia?

d)  Busca varias metáforas y otras figuras literarias relevantes.


III. CONCLUSIÓN: expón tu opinión personal sobre el mismo.

 Si deseáis saber más sobre los tópicos literarios o lugares comunes de nuestra literatura, pinchad en el siguiente enlace:

Otros ejemplos del tópico del Carpe diem y del Collige, virgo, rosas: 


¡Que se nos va la Pascua, mozas,
Que se nos va la Pascua!
Mozuelas las de mi barrio,
Loquillas y confiadas,
Mirad no os engañe el tiempo,
La edad y la confianza.
No os dejéis lisonjear
De la juventud lozana,
Porque de caducas flores
Teje el tiempo sus guirnaldas.
¡Que se nos va la Pascua, mozas,
Que se nos va la Pascua!
Vuelan los ligeros años,
Y con presurosas alas
Nos roban, como harpías,
Nuestras sabrosas viandas.
La flor de la maravilla
Esta verdad nos declara,
Porque le hurta la tarde
Lo que le dio la mañana.
¡Que se nos va la Pascua, mozas,
Que se nos va la Pascua!
Mirad que cuando pensáis
Que hacen la señal del alba
Las campanas de la vida,
Es la queda, y os desarman
De vuestro color y lustre,
De vuestro donaire y gracia,
Y quedáis todas perdidas
Por mayores de la marca.
¡Que se nos va la Pascua, mozas,
Que se nos va la Pascua!
Yo sé de una buena vieja
Que fue un tiempo rubia y zarca,
Y que al presente le cuesta
Harto caro el ver su cara,
Porque su bruñida frente
Y sus mejillas se hallan
Más que roquete de obispo
Encogidas y arrugadas.
¡Que se nos va la Pascua, mozas,
Que se nos va la Pascua!
Y sé de otra buena vieja,
Que un diente que le quedaba
Se lo dejó este otro día
Sepultado en unas natas,
Y con lágrimas le dice:
«Diente mío de mi alma,
Yo sé cuándo fuistes perla,
Aunque ahora no sois caña.»
¡Que se nos va la Pascua, mozas,
Que se nos va la Pascua!
Por eso, mozuelas locas,
Antes que la edad avara
El rubio cabello de oro
Convierta en luciente plata,
Quered cuando sois queridas,
Amad cuando sois amadas,
Mirad, bobas, que detrás
Se pinta la ocasión calva.
¡Que se nos va la Pascua, mozas,
Que se nos va la Pascua!

Luis de Góngora, Romances. 

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Niña, arranca las rosas, no esperes a mañana.
Córtalas a destajo, desaforadamente,
sin pararte a pensar si son malas o buenas.
Que no quede ni una. Púlete los rosales
que encuentres a tu paso y deja las espinas
para tus compañeras de colegio. Disfruta
de la luz y del oro mientras puedas y rinde
tu belleza a ese dios rechoncho y melancólico
que va por los jardines instilando veneno.
Goza labios y lengua, machácate de gusto
con quien se deje y no permitas que el otoño
te pille con la piel reseca y sin un hombre
(por lo menos) comiéndote las hechuras del alma.
Y que la negra muerte te quite lo bailado. 

Luis Alberto de Cuenca,"Collige, virgo, rosas", Por fuertes y fronteras.

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Estás ya con quien quieres. Ríete y goza. Ama.
Y enciéndete en la noche que ahora empieza,
y entre tantos amigos (y conmigo)
abre los grandes ojos a la vida
con la avidez preciosa de tus años.
La noche, larga, ha de acabar al alba,
y vendrán escuadrones de espías con la luz,
se borrarán los astros, y también el recuerdo,
y la alegría acabará en su nada.

Mas, aunque así suceda, enciéndete en la noche,
pues detrás del olvido puede que ella renazca,
y la recobres pura, y aumentada en belleza,
si en ella, por azar, que ya será elección,
sellas la vida en lo mejor que tuvo,
cuando la noche humana se acabe ya del todo,
y venga esa otra luz, rencorosa y extraña,
que antes que tú conozcas, yo ya habré conocido.

Francisco Brines,  El otoño de las rosas.


LITERATURA: “DON QUIJOTE DE LA MANCHA”


     Estos pensamientos de Sancho Panza valen más que mil libros de autoayuda (artículo publicado por Carlos Salas el 23 abril de 2014)
    Uno de los pasajes más profundos de Don Quijote se encuentra en el capítulo LIII de la segunda parte. Es un pequeño compendio de reflexiones sobre los delirios de grandeza, la falta de sinceridad consigo mismo, la amistad y la honestidad. Un pasaje más útil que muchos libros de gestión y de autoayuda.
    Sancho Panza está gobernando por fin su ínsula, ese pequeño territorio que le había prometido Don Quijote desde que comenzaran a cabalgar.
    En realidad, todo forma parte de un engaño. Los habitantes del pueblo se hacen pasar por sus súbditos con la malvada intención de torturarle y someterle a toda clase de burlas.
    Es entonces cuando Sancho Panza se da cuenta adónde le han llevado sus delirios de grandeza. Está amaneciendo y en lugar de desvestirse para echarse en la cama, se pone la ropa, y va a las caballerizas. Allí está el burro que le ha acompañado en todas sus desdichas. Sancho Panza le besa y con lágrimas en los ojos le dice:

—Venid vos acá, compañero mío y amigo mío y conllevador de mis trabajos y miserias: cuando yo me avenía con vos y no tenía otros pensamientos que los que me daban los cuidados de remendar vuestros aparejos y de sustentar vuestro corpezuelo, dichosas eran mis horas, mis días y mis años; pero después que os dejé y me subí sobre las torres de la ambición y de la soberbia, se me han entrado por el alma adentro mil miserias, mil trabajos y cuatro mil desasosiegos.
   
  Están de testigos varios personajes importantes del pueblo, que no abren la boca. Sancho sigue:

—Abrid camino, señores míos, y dejadme volver a mi antigua libertad: dejadme que vaya a buscar la vida pasada, para que me resucite de esta muerte presente. Yo no nací para ser gobernador ni para defender ínsulas ni ciudades de los enemigos que quisieren acometerlas. Mejor se me entiende a mí de arar y cavar, podar y ensarmentar las viñas, que de dar leyes ni de defender provincias ni reinos.

   En ese mismo parlamento, Sancho prosigue diciendo:

—Digan al duque mi señor que desnudo nací, desnudo me hallo: ni pierdo ni gano; quiero decir que sin blanca entré en este gobierno y sin ella salgo, bien al revés de como suelen salir los gobernadores de otras ínsulas.
   Y antes de alejarse, termina con estas palabras:
 —… y volvámonos a andar por el suelo con pie llano, que si no le adornaren zapatos picados de cordobán, no le faltarán alpargatas toscas de cuerda. Cada oveja con su pareja, y nadie tienda más la pierna de cuanto fuere larga la sábana; y déjenme pasar, que se me hace tarde.
    Impresionados por su humildad, los pueblerinos le ofrecen todo lo que quiera para acomodar su viaje:

   “Sancho dijo que no quería más de un poco de cebada para el rucio y medio queso y medio pan para él, que pues el camino era tan corto, no había menester mayor ni mejor repostería. Abrazáronle todos, y él, llorando, abrazó a todos, y los dejó admirados, así de sus razones como de su determinación tan resoluta y tan discreta”.

    Ambición, soberbia desmedida, delirios de grandeza, honestidad, autenticidad, sinceridad consigo mismo, amistad, vuelta a los orígenes, no aprovecharse de los cargos públicos para forrarse… ¿No es eso de lo que hablan muchos libros de ética, de autoayuda y de gestión?

 
   Si deseáis leer el capítulo LIII entero, pinchad en el siguiente enlace: 
   Interesante es también la edición digital de esta magnífica obra: 

  Una versión hip hop y la serie de TVE: 

miércoles, 4 de junio de 2014

CONCURSOS LITERARIOS






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domingo, 1 de junio de 2014

CONCURSOS LITERARIOS

    El pasado día 20 de mayo, alumnos de 1º y 2º de la ESO, participaron por primera vez en el concurso "Está en los libros", organizado por la Diputación de Badajoz. Al conmemorarse este año el centenario de la primera publicación de Platero y yo, de Juan Ramón Jiménez, las preguntas versaban sobre el mencionado libro, gramática y literatura. Los alumnos del IES "Meléndez Valdés" lo hicieron muy bien y lograron vencer al equipo con el que competía, aunque no lograron clasificarse para la final. Después estuvieron visitando los distintos puestos de la feria del libro. 

                                                                 Patricia Figueredo.
                                                                             

OPOSICIONES 2018. TEMA 55: LITERATURA EN EL SIGLO XVIII

"El quitasol" de Francisco de Goya    Es un tema que me apasiona y lo expuse en una academia con resultado satisfactorio. P...