domingo, 2 de febrero de 2014

II TERTULIA CINEMATOGRÁFICA: "UN INVIERNO EN LA PLAYA".



       El miércoles 29 de enero tuvimos por segunda vez un encuentro con el Séptimo Arte. En un ambiente ameno y relajado, los asistentes gozamos de los múltiples temas tratados en la película que abarcan temas tan universales como el amor, la amistad, la escritura, las relaciones de pareja o la muerte. De todo ello se habló en esta tertulia y, en este caso, un experto en cine como es nuestro compañero y profesor José María Santiago escribe una reseña completa sobre esta magnífica película. 

      “Un escritor es la suma de sus experiencias”, le dice en un momento de Un invierno en la playa (Stuck in Love, Josh Boone, 2012) Bill Borgens (Greg Kinnear) a su hijo adolescente Rusty (Nat Wolff) y lo insta a que salga a buscarlas. Antes le había recordado lo que Flannery O' Connor había declarado en una ocasión: “A los veinte años un novelista ya ha vivido suficiente, después sus experiencias le bastarán para alimentar su vida creativa”.

     La película comienza con un prólogo, anterior a los títulos de crédito, en el que se nos presenta a los tres protagonistas y sus circunstancias amorosas: Bill, famoso escritor cuya novela más conocida es Monos trajeados, y sus dos hijos en camino de serlo, Rusty y la universitaria Samantha (Lily Collins).  

     Primero, vemos en clase de Literatura (la pizarra está llena de términos literarios: aliteración, balada, elegía, hipérbole, ironía...) a Rusty contemplando a su amada Kate (Liana Liberato) a la que le sangra la nariz mientras duerme sobre el pupitre. Después, a Samantha que “va directamente al grano” con un chico porque su lema es “evitar el amor a toda costa”. Por su parte, Bill espía a su exmujer, Erica (Jennifer Connelly), que lo ha abandonado hace dos años tras veinte de matrimonio (desde entonces está “atascado en el amor”) y se ha ido con Jason (Spencer Breslin) que lleva un gimnasio.
     Los pensamientos o lo que dicen los tres en este prólogo aparecen escritos en la pantalla convertidos así en materia literaria.

      Tras los créditos comienza la acción que dura un año, comprendido entre dos días de Acción de Gracias. Se establece así un paralelismo entre las dos comidas de celebración en familia, subrayado por la canción (la banda sonora es fundamental a lo largo de la película) Home, de Edwards Shape  & The Magnetic Zeros, que suena mientras padre e hijo las preparan, aunque los desenlaces de ambas serán diferentes.

     A lo largo de ese año las historias de amor y literatura de los tres experimentan una evolución, en la que juegan un papel fundamental los diálogos acerca de sus sentimientos y preferencias literarias, musicales, etc. Así, Rusty, que sigue el consejo de su padre sobre la búsqueda de experiencias que alimenten su vida literaria,  lee en clase de Literatura un  poema escrito el día de Acción de Gracias bajo los efectos del cannabis, lo que lo acerca a Kate, adicta a las drogas, que acaba rompiendo con su novio y empieza a salir con él.
Por su parte, Samantha, que no quería novios, acaba aceptando a un compañero de clase enamorado de ella, Louis (Logan Lerman), escritor de novela negra.

Por otro lado, Bill mantiene una relación con su vecina Tricia (Kristen Bell), felizmente casada, quien le da el consejo de que olvide a Erica y rehaga su vida con otra mujer.

    Un momento cumbre en la película es la fiesta de presentación del libro de Samantha en la que coinciden todos los personajes. El editor aprovecha que esté allí un escritor famoso como Bill para que diga unas palabras. Este confiesa  que el proceso de escritura es un misterio y que sigue sin estar seguro de lo que impulsa a una persona a crear mundos imaginarios.

Otro momento importante es la llamada que Stephen King hace a Rusty, cuyo relato He visto una cara le ha sido enviado en secreto por Samantha. Este lo llama para decirle que es buenísimo y que lo van a publicar en una revista. Un sorprendido Rusty tiene así la oportunidad de decirle a su escritor favorito lo que significan sus libros para él  y, en concreto, lo que escribió al principio de El cuerpo: “Las cosas más importantes son siempre  las más difíciles de contar”
     

       Y a la necesidad de seguir contando obedecen las palabras de Bill que escuchamos (mientras la cámara se va alejando de los personajes y acercándose más a los espectadores) al final de esta amable y bienintencionada comedia dramática sobre cómo todos los aspectos de la vida real pueden ser expresados por los escritores de forma ficticia para hacernos más llevadera la existencia: “Oía latir mi corazón, los corazones de todos. Oía los ruidos humanos que allí hacíamos. Nadie osaba moverse ni cuando nos quedamos a oscuras...”    
 
      José María Santiago, profesor de Lengua Castellana y Literatura de nuestro centro y cinéfilo empedernido. 

      Desde aquí animo a que haya mayor presencia en estas tertulias puesto que merece la pena y si no, podéis preguntarles a los asisten regularmente.


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