sábado, 20 de octubre de 2012

ALUMNUS DIXIT: “La casa de Bernarda Alba”, Federico García Lorca.



    En un pueblo rural de la España profunda, tras la muerte de su marido, Bernarda somete a sus hijas a un luto extremo. Son cinco (Amelia, Adela, Magdalena, Angustias y Martirio), jóvenes y están deseosas de conocer el mundo. Por un lado, Angustias, la mayor, se promete con Pepe, el Romano; y por otro, éste mantiene un romance clandestino con Adela, la menor de las hermanas.  
   Una noche, cuando Pepe estaba con Adela, Martirio los descubrió, y toda la casa despertó. Pepe huyó y Bernarda tras él con una escopeta. Tras un tiro fallido, la madre mintió al decirle que lo había matado. Adela, después de enterarse, se suicida, sumiendo a Bernarda y a sus hijas en el mayor silencio.
     El personaje de Bernarda destaca entre todos ellos por su fuerte carácter y es la protagonista principal. 

   Los temas principales son la apariencia, el odio, la envidia, la instransigencia,  el poder, el dinero y  el deseo de libertad. La maestría del diálogo es indudable. Y de la misma manera, el simbolismo.
    Me ha gustado porque es un ejemplo de la sociedad de principios del siglo XX, anclada en el pasado. Le pondría un diez sin reparos a esta obra.
    En cuanto a las preferencias a la hora de leer, prefiero libros de teatro como los de Lorca aunque también me gustan los de fantasía y de acción  como “Los juegos del hambre”.

  Juan Manuel Suárez Pavón, alumno de 1º de Bachillerato A.

LA PONCIA: ¡Cómo han puesto la solería!
BERNARDA: Igual que si hubiera pasado por ella una manada de cabras. (La Poncia limpia el suelo) Niña, dame un abanico.
AMELIA: Tome usted. (Le da un abanico redondo con flores rojas y verdes.)
BERNARDA: (Arrojando el abanico al suelo) ¿Es éste el abanico que se da a una viuda? Dame uno negro y aprende a respetar el luto de tu padre.
MARTIRIO: Tome usted el mío.
BERNARDA: ¿Y tú?
MARTIRIO: Yo no tengo calor.
BERNARDA: Pues busca otro, que te hará falta. En ocho años que dure el luto no ha de entrar en esta casa el viento de la calle. Haceros cuenta que hemos tapiado con ladrillos puertas y ventanas. Así pasó en casa de mi padre y en casa de mi abuelo. Mientras, podéis empezar a bordaros el ajuar. En el arca tengo veinte piezas de hilo con el que podréis cortar sábanas y embozos. Magdalena puede bordarlas.
MAGDALENA: Lo mismo me da.
ADELA: (Agria) Si no queréis bordarlas irán sin bordados. Así las tuyas lucirán más.
MAGDALENA: Ni las mías ni las vuestras. Sé que yo no me voy a casar. Prefiero llevar sacos al molino. Todo menos estar sentada días y días dentro de esta sala oscura.
BERNARDA: Eso tiene ser mujer
MAGDALENA: Malditas sean las mujeres.
BERNARDA: Aquí se hace lo que yo mando. Ya no puedes ir con el cuento a tu padre. Hilo y aguja para las hembras. Látigo y mula para el varón. Eso tiene la gente que nace con posibles.

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